Bestiario de Docentes




Introducción

O del arte de clasificar bestias con tiza, PowerPoint y ansiedad

En el principio fue el verbo… y luego vino el docente, que creyó que hablar sin cesar era enseñar.

Este Bestiario de Docentes nace de una contemplación metódica —aunque algo desesperanzada— de ese ecosistema extraño llamado “aula”. Allí, entre tizas, proyectores moribundos y alumnos que parecen haber renunciado al alma, se despliega una zoología digna de Aristóteles, Kafka y un episodio de Dr. House. Porque el aula, como todo lugar donde los humanos creen saber algo, es un teatro de manías.

Estas notas no busca redimir ni condenar. Observa. Clasifica. Y si es necesario, se burla. No de la persona, sino del tipo. Porque el docente, como el zorro o el camaleón, adopta formas para sobrevivir. Algunas de esas formas son heroicas. Otras… no tanto.

Cada ficha aquí presentada es una radiografía irónica de especies que, en general, creen ser únicas. No lo son. Se repiten con precisión casi matemática. El docente verborrágico, el lector de PowerPoint, el que explica menos de lo que complica, el que confunde autoridad con arrogancia, el que sigue dando la misma clase desde 1998 —todos ellos conviven en las aulas, y a veces… en el mismo cuerpo.

Si este bestiario incomoda, ha cumplido su función. Si divierte, mejor aún. 

¿Quién enseña cuando enseña el que enseña?


En estas notas encontrará criaturas que habitan pasillos, oficinas y aulas. No vuelan, no rugen (salvo en mesas de exámenes), pero tienen rituales tan definidos como cualquier animal mitológico. Son docentes. Y como todo ser que repite sin pensar, se vuelve especie.

El Bestiario de Docentes no es un manual, ni un homenaje, ni una crítica sistemática. Es una galería sarcástica de figuras que todos conocemos, pero pocos se atreven a nombrar.

Desde el que lee PowerPoints hasta el gurú motivacional que confunde pedagogía con coaching, cada tipo aquí retratado nos recuerda que la enseñanza es también un espectáculo… aunque a veces de horror.

Fichas para reír, pensar, y quizás, corregir el curso antes de convertirnos en lo que juramos combatir.

Advertencia: si usted es docente y no se reconoce en ninguna bestia, revise su ego. Quizás sea el peor de todos.

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