Educación y cordialidad: recuperar el corazón en el acto de enseñar
Por Diego Ramírez
La palabra “educación” proviene del latín educere, “sacar fuera”, y remite al acto de guiar a una persona para que despliegue lo mejor de sí. No se trata simplemente de transmitir contenidos, sino de acompañar una transformación interior. En esta tarea, suele destacarse la importancia de la autoridad, el conocimiento o las técnicas pedagógicas. Sin embargo, hay una dimensión olvidada que merece ser recuperada: la cordialidad.
Cordialidad no es un mero gesto amable ni una forma superficial de cortesía. Su raíz latina cor, cordis —“corazón”— nos recuerda que la cordialidad consiste en hablar y actuar desde el corazón. En el contexto educativo, esto significa reconocer a la persona no como objeto de enseñanza, sino como un ser irrepetible, libre y llamado al bien. La cordialidad, entonces, es una forma concreta de amar en el proceso de educar.
Como enseña San Juan Pablo II, la educación es siempre un “acto de amor”, porque “educar es formar la conciencia de una persona, ayudarla a vivir la verdad en libertad” (Veritatis Splendor, n. 64). Y esto no se puede lograr sin una actitud cordial, que sea capaz de conjugar la verdad con la caridad. El educador cordial no impone, sino que propone; no manipula, sino que sirve. No forma sólo mentes, sino que toca corazones.
Esta concepción tiene raíces profundas en la tradición cristiana. San Agustín, en sus Confesiones, nos recuerda que el corazón humano es el lugar desde el cual se busca y se acoge la verdad: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I,1,1). Educar no es sofocar esa inquietud, sino acompañarla con respeto y ternura. La inquietud del corazón no se doma con técnica, sino con presencia amorosa.
Santo Tomás de Aquino, por su parte, entiende que el maestro no es un mero transmisor de datos, sino alguien que coopera “como causa instrumental” para que el otro “llegue al conocimiento por sí mismo” (Suma Teológica, I, q.117, a.1). Este modelo pedagógico presupone una visión integral de la persona humana y exige del educador una disposición cordial. Como señala García Vieyra en su obra Ensayos sobre pedagogía según la mente de Santo Tomás de Aquino, educar es “un acto del alma que comunica vida al alma del educando”. Esa vida no puede darse sin un lazo humano y espiritual tejido desde el corazón.
Frente a una cultura tecnocrática que tiende a cosificar, estandarizar o medir todo, la cordialidad se vuelve una forma de resistencia espiritual. Educar cordialmente es afirmar que toda persona merece ser acogida y respetada en su singularidad, incluso cuando fracasa, incluso cuando hiere. Es, como decía San Juan Bosco, “amar lo que aman los jóvenes para que ellos amen lo que amamos nosotros”.
También lo advertía Benedicto XVI al hablar de la urgencia de una “emergencia educativa”: “No se puede educar sin la esperanza, sin ese profundo acto de confianza en la persona humana” (Discurso al mundo de la educación, 2008). Y la cordialidad es precisamente esa forma encarnada de la esperanza: creer en el otro y acompañarlo con paciencia.
Hoy más que nunca, educar cordialmente es una necesidad ética. La escuela debe ser lugar de verdad, pero también de calor. En una época marcada por la desconexión emocional y la fragmentación de vínculos, la cordialidad no es debilidad, sino la fortaleza del alma que sostiene la misión educativa.
Recuperar la cordialidad en la educación es volver a mirar a cada persona como un misterio, como un “tú” llamado al amor y a la verdad. Como nos enseñó San Agustín: “Ama y haz lo que quieras” (In Epistulam I Ioannis ad Parthos, Tractatus VII, 8). Y saber que sólo desde el corazón —cordialiter— el acto de educar puede ser verdaderamente humano y verdaderamente cristiano.
Bibliografía
Agustín de Hipona. Confesiones. Ciudad Nueva, Madrid, 1996.
Agustín de Hipona. In Epistulam I Ioannis ad Parthos. BAC, Madrid, 2007.
Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica. BAC, Madrid, 2002.
Juan Pablo II. Veritatis Splendor. Vaticano, 1993.
Benedicto XVI. Discurso al mundo de la educación. Roma, 2008.
García Vieyra, Emilio. Ensayos sobre pedagogía. Según la mente de Santo Tomás de Aquino. Educa, Buenos Aires, 2004.
Bosco, Juan. Epistolario y escritos pedagógicos. Ediciones Don Bosco.
Guardini, Romano. La esencia del cristianismo. Encuentro, 2000.


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