Episodio 22 – “Sombras y apariencias”
Jonathan está reclinado en el sillón de tres cuerpos, leyendo un expediente marcado con un papel viejo que dice: “Testigos del vacío”. A su lado, una copa de vino a medio llenar y el crucifijo de San Benito sobre el pecho. La lámpara tenue proyecta sombras sobre la habitación.
La puerta de la oficina se abre. Thelma aparece con un vestido sobrio pero elegante. Jonathan alza la vista. Su mirada se detiene unos segundos. Luego sonríe apenas.
Jonathan (sin dejar el tono contemplativo):
—Vestida así, podrías confundir a Platón. Creería que eres la Idea misma de lo bello… proyectada en este mundo de sombras.
Thelma (arquea una ceja):
—¿Y tú? ¿Socrático o cínico esta noche?
Jonathan cierra el expediente.
—Depende… ¿el abogado que viene detrás tuyo es tu Diótima o solo un sofista con buen perfume?
Detrás de Thelma entra un hombre de traje. Sonríe con seguridad.
Thelma:
—Jonathan, te presento a Nicolás. Fiscal. Doctor en derecho canónico.
Jonathan (estrechando su mano):
—Interesante. El arte de interpretar la ley divina con traje de Armani.
Nicolás (riendo):
—Y tú eres el famoso Jonathan. El filósofo con fama de médium.
Jonathan (mirándolo con calma):
—No leo pensamientos. Solo observo. Como por ejemplo que llevás un anillo con escudo dominico… ¿Te formaste con los frailes?
Nicolás (levemente sorprendido):
—Sí… años atrás. Lo noto que has afinado el arte de leer símbolos.
Jonathan:
—Los símbolos no mienten. Las personas, a veces sí. Incluso sin saberlo.
Thelma lo observa, sabiendo que Jonathan acaba de medir al fiscal sin decirlo. El expediente que Jonathan cerró se desliza y deja ver una foto: un niño, víctima de un crimen del asesino serial. Thelma lo ve. El ambiente cambia de tono.
Jonathan (susurrando):
—Hoy hablábamos con Marccho sobre el rostro del mal… Algunos creen que es grotesco. Pero yo sé que el mal suele tener sonrisa, buenos modales y argumentos limpios. Lo terrible es su banalidad, como decía Arendt. Lo sutil es su forma de entrar en casa.
Thelma (en voz baja):
—¿Estás hablando del expediente o de Nicolás?
Jonathan no responde. Mira por la ventana. La noche cae sobre la ciudad como una túnica sin forma. Pero algo en su mirada indica que ya ha visto más de lo que ha dicho.
[Interior – Oficina de noche. La luz es tenue. Jonathan, solo.]
Jonathan permanece inmóvil unos segundos tras la salida de Thelma y Nicolás. Luego se inclina hacia el expediente que quedó abierto parcialmente.
Con lentitud, lo toma y vuelve a desplegar las hojas. Es el caso del niño asesinado en un crimen del asesino serial. Examina con atención un dibujo infantil que parecía irrelevante: casas, personas, símbolos. Pero algo lo detiene.
Jonathan (en voz baja):
—Los niños no dibujan al azar. Todo signo en su trazo es una palabra muda.
Toma una lupa de aumento y se enfoca en una figura pequeña, casi oculta en una esquina: una cruz invertida en la pared de una habitación, y un rostro sin ojos.
Jonathan:
—Privatio oculorum… como el jefe asesinado en el episodio anterior. El asesino se repite, pero se adapta. Es metódico. Nos habla a través de estos silencios.
De pronto, Jonathan entrecierra los ojos, como si escuchara una resonancia interna. Se levanta, camina hacia la pizarra, toma una tiza y escribe:
> “El mal se disfraza de deber. Lo hace para parecer justo mientras anula la conciencia.”
Mira el crucifijo de San Benito que cuelga en la pared y lo toca con respeto.
Jonathan (pensativo):
—¿Cuánto daño puede esconderse tras el lenguaje de la virtud? ¿Cuántos asesinos se justifican diciendo que obraron por el bien de sus hijos, de su fe, de su reputación?
Luego vuelve al expediente. Observa el rostro del padre del niño, en una foto. Y a su lado, una nota de su hijo, escrita en caligrafía temblorosa:
> “Papá me dijo que nunca deje que la oscuridad me hable sin rezar primero.”
Jonathan se sienta lentamente. Y murmura:
Jonathan:
—Este hombre era un mártir… y nosotros llegamos tarde.
Acto seguido, busca una grabadora y dicta para su informe:
Jonathan (grabación):
—Caso 22. La conexión entre el niño y la víctima anterior confirma un patrón. El asesino serial no sólo elige a sus víctimas, sino que simula motivos racionales, como si cumpliera una lógica perversa. La investigación del niño nos da el símbolo. La presencia del fiscal… no es casual. Su anillo, su manera de mirar a Thelma. Algo vibra extraño en él. No es culpable. Pero esconde algo.
Se detiene. Mira hacia la noche.
Jonathan (en voz muy baja):
—El mal no siempre grita. A veces… susurra desde los pasillos del poder.


Comentarios
Publicar un comentario