“Sobre el Ente, el Ser y la Nada”
Universidad. Aula vacía. Diego está sentado al fondo, solo, con varios libros abiertos sobre el escritorio. Anota con intensidad mientras hojea las primeras páginas de “Ente y Ser”, de Nimio de Anquín. Máximo entra en silencio, lo observa un momento con respeto, y se acerca sin interrumpir. El aire está cargado de concentración.
MÁXIMO
(Deteniéndose a su lado)
No es fácil comenzar por el Ente. Aún menos por el Ser. ¿Te intriga o te incomoda?
DIEGO
(Mezcla de asombro y tensión intelectual)
Me descoloca. La primera afirmación de Anquín me dejó clavado: “Lo primero que se da a la aprehensión humana no es el ser, sino el ente”.
Y sin embargo, insiste en que el ser es el fundamento. ¿Cómo puede fundar aquello que no es primero en el orden de conocimiento?
MÁXIMO
Es el realismo metafísico en estado puro, Diego. Distinción entre ordo essendi y ordo cognoscendi. Aprehendemos el ente —lo que es— como “algo”. Pero el fundamento de ese “algo” no es la cosa, sino su ser. El ente no es sin el acto de ser. Pero nuestra inteligencia capta primero la esencia como existente, y solo luego se eleva a lo que la hace ser.
DIEGO
Entonces el ser no es un concepto. Es acto.
MÁXIMO
Exacto. Como enseña Tomás, el ser no es un género ni una especie. Es el actus essendi.
Por eso Anquín lo vincula con la noción de participación: el ente es lo que es por participación del ser, que en sí mismo es simplicidad pura.
DIEGO
¿Y la nada? ¿Qué lugar tiene? Él parece no considerarla un principio opuesto, sino una negación.
MÁXIMO
Porque lo es. La nada no tiene positividad ontológica. Es privación, no contrariedad. La creación ex nihilo no significa que la nada es causa, sino que fuera del acto creador no hay ser alguno.
La nada es el margen desde el cual se afirma el acto.
Por eso Anquín se aparta de Heidegger: para el tomista, preguntar por el ser no implica coquetear con la nada, sino afirmarse en su absoluta primacía.
DIEGO
Y sin embargo... ¿no hay un peligro en pensar al ser en abstracto? Él mismo advierte contra las degeneraciones del “conceptualismo ontológico moderno”.
MÁXIMO
Sí. Nimio denuncia la metafísica moderna que ha olvidado que el ser es principio de inteligibilidad, pero también de realidad.
Sin el ser como acto, caemos en esencias sin existencia, o en existencias sin fundamento.
Por eso su pensamiento es combate: defiende el acto puro contra el escepticismo de la modernidad y contra el nihilismo disfrazado de fenomenología.
DIEGO
Y en el centro… la creación.
Afirma que pensar la creación no es pensar un pasado originario, sino una relación actual. ¿Eso implica que el ser del ente es siempre “recibido”?
MÁXIMO
Lo es. El ente no posee su ser por esencia. Sólo el Ipsum Esse Subsistens, Dios, es su propio ser. Todo lo demás es ser participado.
Y en esa participación se da la estructura más profunda de lo real: finitud que remite a la plenitud.
DIEGO
Entonces el acto de ser no es simplemente un hecho, sino una donación continua.
MÁXIMO
Exactamente. El ser como acto es gratuito. No necesario. Por eso la metafísica del ser culmina en una teología de la gratuidad:
el ente clama por su causa, y esa causa es amor inteligente. No mecánica. No lógica. Amor.
DIEGO
(Tomando nota con mano temblorosa)
El ente como dado.
El ser como don.
La nada como amenaza.
Y el ser subsistente como fuente de todo.
MÁXIMO
Has comprendido lo esencial.
Anquín no escribe para que repitamos fórmulas, sino para que veamos de nuevo. Para que el asombro por lo que es nos devuelva al origen.
Allí donde el ser arde sin consumirse.
Bibliografía base:
Nimio de Anquín, Ente y Ser (1961), Córdoba.
Tomás de Aquino, De ente et essentia; Summa Theologiae, I, q.3–11.
Etienne Gilson, El ser y la esencia.


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