“Jugando con sombras”

 



Aula vacía, iluminada por una pantalla tenue. Los tres están sentados frente a una computadora. Hay una copia gastada de Simulacro y simulación sobre la mesa. Una imagen generada por IA parpadea en la pantalla. El silencio se rompe con un suspiro de Diego.


DIEGO

Lo encontré por el título. Simulacro y simulación.

No conocía al autor. Pensé que era un ensayo sobre educación…

Pero resultó ser una bomba filosófica.

Ahora entiendo por qué la realidad ya no se siente real.

Es que tal vez… ya no lo es.


MÁXIMO

Bienvenido a la Disneylandia ontológica.

Donde las ideas no nacen: se descargan.

Donde el saber no duele: se compila.


EDUARDO (mirando la imagen generada)

Y donde la llamada “inteligencia artificial”

—que ni es inteligencia ni es artificial, porque depende de millones de humanos esclavizados alimentando su sistema—

te entrega una versión “mejorada” de vos mismo…

con mejor mandíbula y sin angustia existencial.


DIEGO 

Qué alivio.

Ya no necesito pensar: la IA lo hace por mí.

Ya no necesito escribir: me lo redacta.

Ya no necesito sufrir: me lo simula.


MÁXIMO

Baudrillard lo dijo:

la simulación no oculta lo real… lo asesina.

El mapa ya no representa el territorio:

lo reemplaza.


EDUARDO

Lo llamativo es que nadie se escandaliza.

De hecho, lo celebran.

¡Mirá qué bien escribe! ¡Mirá qué bien predice!

Sí, claro…

como una calculadora del alma.

Pero sin alma.


DIEGO

Y mientras jugamos con esta “inteligencia”

que no conoce dolor, ni duda, ni muerte…

el mundo se vacía de verdad.


MÁXIMO 

Lo bueno es que esta IA no tiene prejuicios.

Ni memoria personal.

Ni cuerpo.

Ni contexto.

En resumen: el maestro perfecto para la era posthumana.


EDUARDO

O el verdugo perfecto.

Porque no corrige: sustituye.

No acompaña: simula.

Y no enseña: repite.


DIEGO

Entonces no estamos formando personas,

sino consumidores de simulacros.

No se busca verdad…

se busca rendimiento.

Y lo real… estorba.


MÁXIMO

La tragedia no es que esto funcione.

Es que ya nos conformamos con que funcione.

Como si la apariencia bastara.


EDUARDO

Y como si pensar fuera un lujo estético.

Pero pensar, Diego…

pensar de verdad, arde.

Y eso, la IA, jamás podrá hacerlo.

Porque no tiene piel.


DIEGO

Ni historia.

Ni traición.

Ni gracia.


MÁXIMO

Así que sigamos jugando con nuestra amiga la “IA”.

La Inexistente Autenticidad.

Mientras tanto… nosotros seguiremos cuidando las ruinas.


EDUARDO

Porque quizás de entre las ruinas

vuelva a alzarse una palabra

que no simule,

sino que salve.

Comentarios

Entradas populares